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Manu Chao, un espíritu trashumante por el trópico Buziraco

14 febrero 2019 MÚSICA NOTICIAS


Por El Zudaca/ Colectivo Satélite Sursystem

Cuenta la radio bemba de los pueblos que resisten en América Latina que diciembre fue el mes escogido por Manu Chao, el músico ambulante y ciudadano del mundo, para viajar de nuevo a Colombia, un país que quiere más que a sus zapatos viejos, en una gira como solista con su proyecto acústico “Chapulín solo”, retornando por tercera vez a la Calicalentura, y gozar como clandestino la magia de la navidad negra que habita en las comunidades afrodescendientes de la vereda de Yolombó, en el corregimiento La Toma en el norte del departamento del Cauca.

Luego de su paso por el macondo caribeño de curramba la bella, participar en la celebración del cumpleaños del espacio alternativo Casa Babylon en Tabogo, y disfrutar el aguinaldo navideño en la gélida Tunja, Manu Chao dirigió sus pasos de cronista del barrio global a la tostada urbe de Jovita Feijóo y el Loco Guerra, pues como él mismo afirma “lo bonito de la vida es leer la casualidad, saber cuándo viene, saber cuándo está, no tener miedo de cambiar de rumbo, por una señal, por un pájaro que pasa, por un coche de color azul que te dé una señal”.

El trópico Buziraco en plena efervescencia decembrina lo recibió el viernes 22 de diciembre, con un sound system de radio experimental, cuando se dirigía a la Cinemateca del Museo La Tertulia, donde fue uno de los invitados al conversatorio PARIR, un espacio de diálogo entre artistas y activistas convocados por la Movilización de Mujeres Afrodescendientes por el cuidado de la vida y el territorio ancestral.

La tarde se vistió con los colores milenarios del océano Pacífico y África Occidental, para brindar con un ágape vibrante de inspiración y resistencia por el intercambio de experiencias pedagógicas y artísticas de músicos como el rapero Jhon Jota de Zona Marginal, las cantaoras Nidia Góngora, Cynthia Montaño, la organización comunitaria Casa Cultural El Chontaduro, y la defensora de los derechos humanos, Francia Márquez, ganadora del premio Nobel “Goldman” del Medio Ambiente en 2.018, por su valiente lucha contra el modelo económico neo extractivista que envenena su territorio ancestral en el Cauca interandino.

Francia Márquez, ganadora premio Nobel “Goldman” del Medio Ambiente 2018.

Una atmósfera de fuego centelleante y dignidad rebelde con el guiño cómplice de una luna llena impregnó al auditorio, de respeto a la palabra colectiva, cuando se mixturó con el flow del currulao, el beat del hip hop y el charango de Manu Chao, para festejar el deseo, la apuesta colectiva del deseo, desde la autogestión y la democracia directa, porque el pueblo no se rinde carajo. Al final de la jornada, Manu se pegó el salto cuántico con el colectivo Satélite Sursystem y otros radialistas de los mundos mestizos como Camilo Plaza y Mayra Perec.

Foto: El Zudaca

La conexión con las panteras de la diáspora prosiguió con la celebración de la Navidad afrocolombiana, tras la invitación hecha por Francia Márquez al artista cosmopolita, para conocer las expresiones culturales de su territorio, al cual ella ha defendido con coraje e inteligencia por los abusos de la minería ilegal de emporios trasnacionales como AngloGold Ashanti que han contaminado la mayoría de los ríos del norte del Cauca.

Allí en una caseta comunal pegada a la carretera y con el paisaje andino como lienzo, la agrupación Cañabrava, finalista del último Festival Petronio Álvarez en la categoría violines caucanos, desplegó todo su sonidero exultante de las músicas del litoral y la montaña. Manu Chao disfrutó de un momento infinito y mágico de aquellos que persigue para nutrir su espíritu que vaga creativamente por los rincones de la América perdida. Una danza tribal a ritmo de juga y torbellino, lo convocaron a un ritual milenario de rondas donde la comunidad goza ceremonialmente toda la noche con licor y papa aborrajada, para luego pasear al niño Dios bajo el embrujo de los destellos solares que circundan La Toma, Yolombó y el municipio de Suárez.

También disfrutó de las aguas del río ovejas, el poderoso sabor de un sancocho de gallina, y todo el afecto de una comunidad ancestral que lo revitalizaron para su esperada presentación del 27 de diciembre en el centro de convenciones Alférez Real, en Carníval, la otra feria, donde nos ofrendó la furia festiva de su cancionero, e invitó a la tarima a su parcera Francia Márquez; y a personajes icónicos de la contracultura caleña como el poeta Trauma Hugo Caicedo, a voces del barrio como la escritora Malicia Enjundia; quienes en una suerte de cadáver exquisito de arenga, hip hop y poesía urbana, le dieron el cierre perfecto a un cóctel adrenalínico de salpicón sonoro y  spowen word.

Foto: El Zudaca

Sin lugar a dudas este fue uno de los acontecimientos musicales del 2018, para deleite de un público, tan amplio, diverso y múltiple como el manuchaesco, que también celebró los 20 años de irrupción rebelde y melancólica del álbum “Clandestino”. Un ecosistema cultural en permanente movimiento que corea frenéticamente que la vida es una tómbola, así nos hayan engañado con la primavera, pero seguimos caminando por la carretera sin mirar atrás porque No solo en China hay futuro, potenciando redes armónicas de otras formas de comunicación más performativas y sensoriales, salpicadas de aventuras callejeras, alegrías inconclusas, desengaños del corazón, y alucinaciones que se mezclan con lenguas, ritmos, y utopías de esperanza.

Manu ha visto lo que quería ver, en este nuevo viaje de búsqueda por su entrañable Colombia, ha vuelto finalmente sobre los pasos de sus peregrinaciones anteriores, como hace 25 años lo hizo con su padre Ramón (Q.E.P.D.) y su banda Mano Negra, a bordo del tren del hielo y el fuego, y ha hecho justo lo que quería, volver atrás y quedarse un tiempo allí por donde antes había pasado con prisa, en esos lugares donde siempre ha amado la vida.

Foto: El Zudaca

 

Por: El Zudaca/ Colectivo Satélite Sursystem
@HaroldPardey

 


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